ARTICLE. Nacionalisme: “¿Por qué hay que estar orgulloso de ser español?”

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Aplicació didàctica

Reproduisc un article d’opinió que considere adequat per a tractar els següents aspectes:

  • Conceptes: nacionalisme de dominació, patriotisme, militarisme, els interessos “nacionals” de les elits, el poder dels símbols, els mites històrics i la manipulació històrica (les mentides i falsedats).
  • Actituds: contra l’irracionalisme; per a desmuntar els prejudicis, la xenofòbia i el xovinisme; contra la peresa mental i el borreguisme social; i també per veure amb un cert humor els suposats “valors sagrats” patris.

Activitat: al meu poble, per exemple, molts cotxes porten un adhesiu amb el següent text: “Som gent d’Alcoi”. Llegiu el text i penseu en els símbols “patriòtics” dels vostres pobles i/o ciutats. Parlem-ne.

Article

«Ser español, un orgullo; ser madrileño, un título». Así reza una pegatina que todos hemos podido leer alguna vez en la trasera de ciertos vehículos (sobre todo taxis, ignoro el porqué de esta peculiaridad). Imagino que hay pegatinas similares con nombres distintos en casi todas las ciudades y en casi todos los países del mundo. Los nombres variarán, pero la motivación es idéntica en todos los casos: el nacionalismo, esa enfermedad que es a la vez una demostración tajante de que en los enfrentamientos humanos no pesan tanto las ideas (porque el nacionalismo es siempre la misma idea) como las emociones primarias: lo que importa, lo que puede provocar una bronca de hooligans o una guerra mundial, es el detalle. Madrid o Barcelona, España o Burundi.

El madrileño o el londinense de pro estarán convencidos de que ser español o inglés, respectivamente, es motivo de orgullo, e incluso de que el hecho de haber nacido en tal o cual ciudad (suceso casual que no requiere esfuerzo ni decisión ni responsabilidad) representa nada menos que un título.

¿Hay alguna razón que justifique tal orgullo? Ya imaginarás que la respuesta a esta pregunta es «no». Pero, a diferencia del nacionalista, que en realidad no necesita justificar nada porque las emociones no tienen justificación, yo sí diré por qué no ha lugar a ese orgullo que a lo largo de la historia, sobre todo en los últimos doscientos años, no ha traído a nuestra especie más que estupidez, dolor, sangre, destrucción y enormes decepciones deportivas.

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