TEXT. «És justa la Història?» per Stefan Zweig (1922)

Stefan Zweig (1881-1942)

Stefan Zweig (1881-1942)

Llegint El legado de Europa d’Stefan Zweig he trobat aquest breu escrit titulat “És justa la Història?”, datat en 1922. M’ha agradat tant que vull compartir-lo. L’he llegit en la traducció antiga de l’Editorial Juventud, no en la més recent d’Acantilado. En català no l’he trobat. Dóna igual, jo per Zweig aprendria alemany.

 

¿Es justa la Historia?

«Porque al que tiene, le será dado, para que tenga en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.» Esta frase, aunque tiene una antigüedad de dos mil años, sigue conservando todo su valor en la actualidad. A quien tiene éxito, el éxito lo asedia, a quien tiene riquezas, el oro nuevo y fresco le afluye y, todavía más que el ofrecimiento del oro, el entusiasmo voluntario de los colaboradores y de las almas cansadas, porque el poder es la materia más misteriosa del mundo. Atrae con fuerza magnética al individuo, con fuerza sugestiva a la masa, que rara vez se pregunta dónde se gana ese poder y dónde se pierde, sino que se limita a sentir su presencia como un aumento de su propia vida, que entrega ciegamente. Siempre fue la más peligrosa cualidad de los pueblos la de colocarse voluntariamente bajo el yugo, la de lanzarse entusiasmados a la servidumbre. Y, con frecuencia, a la servidumbre del éxito.

En todas las épocas ha regido esa frase cruel: al que tiene le será dado. Pero hay algo más curioso que esto: también la Historia, también ella, que debía ser desapasionada, justa y clara de juicio, también ella se inclina, como la mayoría de los hombres, del lado del éxito; también ella agranda posteriormente a los grandes, a los vencedores, y empequeñece o silencia a los vencidos. A la gloria efectiva de los gloriosos acumula, además, las leyendas, y todo gran hombre aparece casi siempre, a los ojos de la Historia, más grande aún de lo que fue en realidad, y a los incontables pequeños se les quita lo que a los grandes se les añade.

De la hazaña heroica de un barco queda el nombre del capitán, y en la oscuridad se hunden los de aquellos que murieron a su lado y que quizá fueron quienes llevaron a cabo la verdadera hazaña. A los monarcas se les atribuye la aplicación y el heroísmo de sus súbditos. Por la necesidad de abreviar, la Historia acumula en pocos nombres y figuras las acciones de los innumerables y se las adjudica al más fuerte, porque: “al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”. Esto obliga a leer la Historia no con credulidad, sino con curiosidad desconfiada, porque ella, la aparentemente insobornable, obedece también a la profunda tendencia de la Humanidad a la leyenda, al mito. Sabiéndolo o sin saberlo, hace heroicos hasta la perfección a unos pocos héroes y deja caer en la oscuridad a los héroes de la vida cotidiana, a las naturalezas heroicas de segunda y tercera fila. Porque la leyenda, precisamente por lo que tiene de seductora, por su brillo de perfección, es siempre la enemiga más peligrosa de la verdad, y por eso es nuestro deber someterla sin cesar a prueba y retroceder la hazaña real a su medida histórica.

Semejante proceso de desdivinación no empequeñece la esencia, el valor mundial de un hombre. Refuerza únicamente nuestro sentimiento del tiempo, nuestro conocimiento de las épocas y, por el conocimiento del pasado, nos hace más justos para el presente. Nada más peligroso que la piedad ante aquel que en tiempos fue reconocido como grande, nada más fatídico que clavar la rodilla ante el poder oficialmente glorificado. Donde las leyendas han tejido su trama para hacernos psicológicamente invisible una determinada figura, debemos nosotros, sin que ello tenga que juzgarse blasfemia, deshacer calmosamente la urdimbre, corregir una y otra vez lo que quedó amañado dentro de la Historia y oponer al irresistible impulso de la Humanidad a inclinarse ante el éxito la apreciación justa y pura que merezca la hazaña efectiva.

Por eso nuestro deber consiste en no admirar al poder en sí, sino en admirar únicamente a esos raros hombres que lo ganaron con honradez y justicia. Y con honradez y justicia sólo lo gana en realidad el hombre intelectual, el científico, el músico, el poeta, porque lo que él da no se lo ha quitado a nadie. La primacía terrena, militar, política, de un individuo nace sin excepción de la violencia, de la brutalidad. Por ello, en lugar de admirar ciegamente a los vencedores, debemos plantear siempre la pregunta clave: ¿por qué medios y a costa de qué logró el triunfo? Porque cuando surge en lo material, en lo estatal, un gran poder, es raro que proceda de la nada o de una propiedad legítima, sino que casi siempre viene de algo arrebatado a los más débiles. Toda gran aureola suele tener un sospechoso resplandor color de sangre.

Si estamos penetrados –y yo espero que lo estemos– por la idea de que toda vida individual es algo sagrado, impugnemos el derecho de un individuo a construirse los peldaños de su subida al poder sobre centenares y miles de sus compañeros en el sufrimiento. Veamos la historia del mundo no sólo como la crónica de victorias y guerras y no juzguemos de antemano como héroe al conquistador, porque así convertimos en un fin esa peligrosa divinización del éxito. Rara vez hay un vínculo entre el poder y la moral. La mayoría de las veces, lo que existe es un abismo insalvable. Ponerlos de manifiesto una y otra vez sigue siendo nuestro deber primero, el más urgente. Y si, según la frase de Ibsen, escribir significa “hacer justicia”, no debe darnos miedo llamar ante nuestro tribunal privado a una de esas figuras ungidas por la temerosa reverencia servil ni hacer compadecer también a los olvidados, a los pisoteados, concediéndoles el derecho de testimoniar contra él.»

Bertolt Brecht (1898-1956)

Bertolt Brecht (1898-1956)

Per cert, d’alguna manera em recorda el poema de Bertolt Brecht Preguntes d’un obrer davant un llibre (1934):

Qui va construir Tebes, la de les set portes?
En els llibres figuren els noms dels reis.
Van arrossegar els reis els grans blocs de pedra?
I la tantes vegades destruïda Babilònia?
Qui la va reconstruir altres tantes? En quines cases
de la daurada Lima vivien els obrers que la van construir?
La nit en què es va acabar la muralla xinesa,
On van anar els picapedrers? Agafa la gran Roma,
és plena d’arcs de triomf. Qui els va aixecar?
¿Sobre qui van triomfar els Cèsars? Bizanci, tan cantada,
¿Tenia només palaus per als seus habitants? A la fabulosa Atlàntida,
la nit en què la mar se l’empassava, els habitants clamaven
demanant ajuda als seus esclaus.
El jove Alexandre va conquerir l’Índia.
Ell a soles?
César va véncer als gals.
No portava ni tan sols un cuiner?
Felip II va plorar en enfonsar-se
la seva flota. No va plorar ningú més?
Frederic II va véncer en la Guerra dels Set Anys.
Qui la va vèncer, a més?
Una victòria a cada pàgina.
Qui cuinava els banquets de la victòria?
Un gran home cada deu anys.
Qui pagava les seves despeses?
Tants relats,
Tantes preguntes.
 
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