LLIBRE. “Ébano” de Ryszard Kapuscinski (1998), una bona descripció d’Àfrica

Ebano-Ryszard-Kapuscinski

M’agrada llegir a Kapuscinski. M’agrada perquè em sembla un periodista que sabia descriure molt bé, i això no és gens fàcil. La majoria de periodistes (i d’escriptors) cauen en tòpics i en sensibleries molt suades, i es dediquen a jutjar. Ébano és una descripció magnífica de l’Àfrica que ell va viure com a corresponsal d’un periòdic polonés, durant bona part de la segona meitat del segle XX, quan es van anar independitzant les colònies dels antics imperis europeus. No trobem quasi opinions de Kapuscinski, ell descriu, perquè sembla que té molt clar que Àfrica és un món propi, un gran continent molt divers i desconegut, i es nota que li fascinava.

Ébano (que en català es diu eben o banús) es llig molt bé, té vora trenta capítols i poc més de tres-centes pàgines. Per a mi serveix per a complementar l’àrida lletra dels manuals de Geografia, tant la part física com sobretot la humana. Està format per relats on apareixen moltes persones que l’autor es va trobant en els seus viatges, i on el canviant paisatge i la tòrrida calor africana estan ben presents.

En aquesta obra trobem diverses pinzellades de l’Àfrica post-colonial: grans líders del Tercer Món com Nkrumah de Ghana, la brutalitat de dictadures com la d’Idi Amín a Uganda, la guerra d’independència d’Eritrea contra el règim prosoviètic de Mengistu a Etiòpia, la història del colp d’Estat a Libèria el 1990 i l’assassinat detallat del dictador Samuel Doe, o matances com les de Rwanda entre hutus i tutsis el 1994. Ens queda el regust d’un continent ple d’estats fracassats, corrupció i guerres civils, amb el domini dels senyors de la guerra, la fam i la misèria anònima, el neocolonialisme, però també trobem magnífiques descripcions de l’inclement sol i l’omnipresent calor, de la sofrida vegetació que sobreviu malgrat tot, de la importància de l’aigua i dels pous, dels insectes i les malalties tropicals, del dia i de la nit africana, i especialment de la gent, gent pertot arreu, de les masses que fugen del camp i congestionen les ciutats, persones que tenaçment sobreviuen enmig d’un clima tan hostil. És la descripció d’una Àfrica quotidiana i riquíssima en la seua varietat.

Respecte a Ryszard Kapuscinski (Polònia, 1932-2007): va ser un escriptor i periodista polonès que va treballar de corresponsal per tot el món, però sobretot a Àfrica. Va escriure un bon grapat de llibres sobre les seues cròniques i els seus viatges. A Historiata podeu trobar la ressenya del relat impagable que va fer de la caiguda de la Unió Soviètica a L’Imperi (1993), o un llibre autobiogràfic de viatges a Viatges amb Heròdot (2004). Respecte a Ébano jo he llegit una edició en castellà publicada per Ediciones Folio el 2004, però he vist que hi ha una edició en català a l’editorial Empúries titulada Eben.

eben_ryszard_kapuscinski_empúriesPer acabar, reproduisc una selecció de fragments del llibre que m’han agradat molt i que es poden utilitzar per il·lustrar algunes qüestions en l’aula.

ÍNDEX:

  1. El concepte del temps a Europa i a Àfrica
  2. El provincianisme
  3. Liberia, un exemple d’hegemonia cultural (esclavista)
  4. Els warlords, els senyors de la guerra
  5. Què és la Història a Àfrica?


1. El concepte del temps a Europa i a Àfrica

“El europeo y el africano tienen un sentido del tiempo completamente diferente; lo perciben de maneras dispares y sus actitudes también son distintas. Los europeos están convencidos de que el tiempo funciona independientemente del hombre, de que su existencia es objetiva, en cierto modo exterior, que se halla fuera de nosotros y que sus parámetros son medibles y lineales. (…)

Los hombres del lugar, los africanos, perciben el tiempo de manera bien diferente. Para ellos, el tiempo es una categoría mucho más holgada, abierta, elástica y subjetiva. Es el hombre el que influye sobre la norma del tiempo, sobre su ritmo y su transcurso. (…)

El tiempo aparece como consecuencia de nuestros actos y desaparece si lo ignoramos o dejamos de importunarlo. (…)

Todo lo contrario de la manera de pensar europea.

Traducido a la práctica, eso significa que si vamos a una aldea donde por la tarde debía celebrarse una reunión y allí no hay nadie, no tiene sentido la pregunta: “¿Cuándo se celebrará la reunión?”. La respuesta se conoce de antemano: “Cuando acuda la gente.”

2. El provincianisme

“Es un hecho que lo que más nos impacta en la gente que encontramos en países como Ruanda es un profundo provincianismo en su manera de pensar. Y es que nuestro mundo, aparentemente global, a la hora de la verdad no es sino un conglomerado de cientos de miles de provincias de lo más diverso y que no tienen ningún punto de encuentro. El viaje por el mundo es un peregrinar de una provincia a otra, y cada una de ellas es una estrella solitaria que brilla sólo para sí misma. Para la mayoría de la gente que vive allí, el mundo real se acaba en el umbral de su casa, en el límite de su aldea o, todo lo más, en la frontera de su valle. El mundo situado más allá no es real ni importante, ni tan siquiera necesario, mientras que el que se tiene a mano, el que abarca con la vista, aumenta ante nuestros ojos hasta alcanzar el tamaño de un cosmos tan inmenso que nos impide ver todo lo demás. Ocurre a menudo que el habitante del lugar y el que llega desde lejos tienen grandes dificultades a la hora de encontrar un lenguaje común, pues cada uno de ellos se sirve de una óptica diferente para mirar el mismo paisaje. El visitante usa un gran angular, que le da una imagen alejada y reducida, y, en contrapartida, una larga línea de horizonte; en tanto que el interlocutor local siempre ha usado un teleobjetivo o incluso un telescopio, que aumenta hasta el detalle más insignificante.”

3. Liberia, un exemple claríssim d’hegemonia cultural (esclavista)

“En 1821, en un lugar que debe encontrarse en las inmediaciones de mi hotel (Monrovia está situada en la costa atlántica…) atracó un barco procedente de Norteamérica que traía a bordo a un tal Robert Stockton, un agente de la American Colonisation Society. Sotckton, encañonando con su pistola una sien del rey Peter, el jefe de la tribu, le obligó a venderle –a cambio de seis mosquetones y una caja de abalorios– la tierra que la mencionada compañía americana se disponía a poblar con aquellos esclavos de las plantaciones de algodón (principalmente de los estados de Virginia, Georgia y Maryland) que habían conseguido el estatus de hombres libres. La compañía de Stockton tenía un carácter liberal y caritativo. Sus activistas creían que la mejor indemnización por la sevicias de la esclavitud consistía en enviar a los antiguos esclavos a la tierra de donde procedían sus antepasados: a África.

Desde aquel momento, años tras año, los barcos fueron trayendo de los EE.UU. a grupos de esclavos liberados, que fueron instalándose en la zona de la Monrovia de hoy. No constituían una gran comunidad. Cuando en 1847 proclamaron la creación de la República de Liberia, esta no contaba mas de seis mil habitantes. Es posiblo que su número nunca haya superado una veintena escasa de miles: menos del uno por ciento de la población del país. (…)

Por experiencia propia, aquellos américo-liberianos no conocían sino un único tipo de sociedad: el de la esclavitud en que habían vivido en los estados del Sur norteamericano. De manera que tras desembarcar, su primer paso en la nueva tierra consistía en copiar la sociedad conocida, sólo que ahora ellos, los esclavos de ayer, serían los amos y convertirían en esclavos a los miembros de las comunidades del lugar, sobre los que, una vez conquistados, extenderían su dominio.

Liberia no constituye sino la prolongación del orden establecido por el sistema de la servidumbre, impuesto por la voluntad de los propios esclavos, que no desean destruir un sistema injusto, sino que lo quieren conservar, desarrollar y usar en provecho de sus intereses personales. Salta a la vista que una mente sometida, envilecida por la experiencia de la esclavitud, una mente –en palabras de Milosz– “nacida en la no libertad, encadenada desde el alumbramiento”, no sabe pensar, no sabe imaginarse un mundo libre en el que las personas, todas, también lo fuesen.”

4. Els warlords, els senyors de la guerra

“El warlord no es sino un antiguo oficial, ministro o miembro destacado del partido gobernante, o bien otro personaje fuerte e implacable, ávido de poder y de dinero, falto de escrúpulos y que, aprovechando el desmoronamiento del Estado (a lo que él mismo ha contribuido y sigue haciéndolo), pretende recortar para sí un miniestado propio, no oficial, donde ejercer un poder dictatorial. Por lo general, un warlord usa para este fin la tribu o el clan al que pertenece. Y no son sino los señores de la guerra los que siembran el África el odio racial y tribal. Aunque, eso sí, sin reconocerlo jamás. Siempre se proclamarán líderes de un movimiento o partido de carácter nacional. Lo más común es que se hable de un Movimiento de Liberación de Esto y Aquello, o de un Movimiento en Defensa de la Democracia o de la Independencia. Nada por debajo de tamaños ideales.

Una vez elegido el nombre, el warlord procede al reclutamiento de su ejército. Esto no supone ningún problema. En cada uno de los países, en todas las ciudades, hay miles de muchachos hambrientos y sin trabajo que sueñan con formar parte de un grupo así. El líder, al fin y al cabo, les entregará un arma y, también –cosa igualmente importante–, el sentimiento de pertenecer a algo. En la mayoría de los casos, el caudillo no les pagará nada. Les dirá: “Tenéis un arma, alimentaos vosotros mismos.” Con este visto bueno tienen suficiente: ya sabrán qué hacer.

El armamento tampoco es problema. Es barato y lo hay en abundancia por todas partes. Además, los warlords tienen dinero. Bien porque lo han robado a las instituciones estatales (en su antigua calidad de ministros o generales), bien porque sacan unos beneficios, en tanto que ocupantes, de aquellas partes del país que tienen un valor económico, es decir, de territorios donde hay minas, fábricas, bosques por talar, puertos marítimos, aeropuestos, etc. (…)

Otra fuente inagotable de ganancias para los warlords la constituye la ayuda humanitaria que el mundo destina a la población africana mísera y hambrienta. Los señores de la guerra se llevan de cada transporte tantos sacos de grano y tantos litros de aceite como necesitan. Y es que aquí rige una ley que dice: el que tiene un arma es el primero en comer. (…)

Los warlords son, al mismo tiempo, causa y efecto de la crisi en que se han sumido muchos países del continente en la época poscolonial. Si oímos que algún país africano empieza a tambalearse, podemos estar seguros de que no tardarán en aparecer los warlords. (…) ¿Que qué hace un warlord? Teóricamente, lucha contra otros warlords. Aunque no siempre tiene que ser así. Lo más común es que se dedique a saquear a una población indefensa, la de su propio país. Es lo contrario de Robin Hood. (…) Nos movemos en un mundo en que la miseria condena a muerte a unos y convierte en monstruos a otros. Los primeros son las víctimas y los segundos, los verdugos. No hay nadie más. (…)

El número de warlords va en aumento. Es una nueva juerza, una nueva clase de soberanos. Al apropiarse de los bocados más suculentos, de las partes más ricas de sus países, hacen que el Estado, aunque consiga mantenerse a flote, siempre sea débil, pobre e impotente. (…) Por eso mismo África es tan infrecuente escenario de guerras interestatales: a los países del continente los une una misma desgracia; inseguros de su destino, comparten un futuro incierto. Por el contrario, abundan las guerras civiles, es decir aquellas en cuyo curso los warlords se reparten el país entre ellos y saquean a sus habitantes y se adueñan de las tierras y de las materias primas.

Aunque también sucede a veces que los warlords lleguen a la conclusión de que todo lo que había por robar ya ha sido rapiñado y se ha agotado la fuente de sus ingresos. Entonces empiezan lo que llaman un proceso de paz. Convocan una conferencia de las facciones en lucha (la llamada warring factions conference), firman un acuerdo y fijan una fecha para unas elecciones. En respuesta, el Banco Mundial les concederá todos los préstamos y créditos que soliciten. Entonces los warlords serán todavía más ricos de lo que han sido, pues al Banco Mundial se le puede arrancar todavía mucho mas´que a unos compatriotar muertos de hambre.”

5. Què és la Història a Àfrica?

“Pues bien, ha caído la noche, estamos sentados bajo un árbol enorme y una muchacha me ofrece un vaso de té. Oigo hablar a gentes cuyos rostros, fuertes y brillantes, como esculpidos en ébano, se funden con la inmóvil oscuridad. No entiendo mucho de lo que dicen pero sus voces suenan serias y solemnes. Al hablar se sienten responsables de al Historia de su pueblo. Tienen que preservarla y desarrollarla. Nadie puede decir: leedla en los libros, pues nadie los ha escrito; no existen. Tampoco existe la Historia más allá de la que sepan contar aquí y ahora. Nunca nacerá esa que en Europa se llama científica y objetiva, porque la africana no conoce documentos ni censos, y cada generación, tras escuchar la versión correspondiente que le ha sido transmitida, la cambia, altera, modifica y embellece. Pero por eso mismo, libre de lastres, del rigor de los datos y las fechas, la Historia alcanza aquí su encarnación más pura y cristalina: la del mito.

En dichos mitos, el lugar de las fechas y de la medida mecánica del tiempo –días, meses, años– lo ocupan declaraciones como: “hace tiempo”, “hace mucho tiempo”, “hace tanto que ya nadie lo recuerda”. Todo se puede hacer caber en estas expresiones y colocarlo en la jerarquía del tiempo. Sólo que ese tiempo no avanza de una manera lineal y ordenada, sino que cobra forma de movimiento, igual al de la Tierra: giratorio y uniformemente elíptico. En tal concepción del tiempo, no existe la noción de progreso, cuyo lugar lo ocupa la de durar. África es un eterno durar.”

Més informació:

Ryszard Kapuscinski a Àfrica

Ryszard Kapuscinski a Àfrica

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