ARTICLE. Javier Marías: “La imaginación, recortada”

ARTICLE. Javier Marías:

“La imaginación, recortada”

Data: 14 d’octubre de 2012

Font: http://javiermariasblog.wordpress.com/2012/10/14/la-zona-fantasma-14-de-octubre-de-2012-la-imaginacion-recortada/

Introducció

Hi ha una cita molt bonica d’Albert Einstein sobre la imaginació: “En moments de crisi, només la imaginació és més important que el coneixement”.

No he pogut resistir-me de penjar aquest article d’opinió de Javier Marías sobre les retallades que estan realitzant-se en el sector cultural, i molt especialment en les biblioteques. La notícia és la següent: la partida pressupostària per a comprar llibres i material en les biblioteques públiques de l’estat per a l’any 2013 és de 0 €. Això no és una retallada, això és destruir les biblioteques. Més encara: és voler carregar-se la imaginació, menysprear la cultura, abominar de les idees, les passions i els somnis. Estem en crisi i l’evasió està retallada. Un dels pocs llocs que pots anar sense pagar, que amb la crisi està augmentant d’usuaris, una de les alternatives més poderoses que existeix a passejar per un centre comercial, no compta amb la vènia del govern. Tan poderoses són les biblioteques? Tan revolucionàries? O més bé, tan inútils les consideren? Deixe ahí les preguntes.

Copie una cita de Burke que Javier Marías ha posat al seu article: “No desespereu mai, i si desespereu, continueu treballant”. Una cita ha de ser un fragment de pensament que vol ser exemplar, il·lustratiu d’un fet, dit per tota una autoritat, i que a més a més ha de voler ser poderós i transformador d’allò que no ens agrada. Per això les pose, perquè hem de continuar treballant i imaginant.

Article

“El dicho podría adaptarse así a los políticos y a los tiempos que corren: “Dime de qué recortas y te diré quién eres”. Al Gobierno del PP le ha llevado poco definirse con exactitud y -como les encanta subrayar a sus miembros más memos- “sin complejos”. Ya señalé en época de Aznar cuál era la traducción fidedigna de esto: “sin escrúpulos”. Ahora, con los presupuestos de 2013, inútiles para amortiguar la crisis pero dañinos para la población, la cultura se ha quedado a dos velas, con un tijeretazo del 30% que lo mina todo, desde el Prado y el Reina Sofía hasta el Teatro Real, la Biblioteca Nacional y el Liceo, por mencionar instituciones principales. Sin embargo, lo que me ha resultado más hiriente, quizá porque afecta a algo esencial y modesto y que además pertenece a mi campo, es que las cincuenta y dos bibliotecas públicas del Estado contarán el año que viene con… cero euros. Esto es, no habrá ni un penique para que compren un solo título antiguo ni nuevo, en el momento -la austeridad obliga- en que los españoles han decidido acudir a ellas más que nunca. Una bibliotecaria de Guadalajara se lamentaba en este periódico [El País, 14/10/2012]: en 2007 había contado con 150.000 euros del Gobierno para adquirir ejemplares; en 2012 recibió 56.000. En 2013 no tendrá ni uno.

Nunca cambian las cosas. En periodos difíciles, cuando escasea hasta lo básico, los políticos tienden a considerar -pero unos más que otros, y ahí se retratan- que la cultura en general y la literatura en particular son superfluas, un lujo del que se debe prescindir. Ni siquiera desde una perspectiva estrictamente monetaria esto es cierto: lo que se entiende por “cultura” supone un 4% del PIB de nuestro país y genera 600.000 empleos, pese a lo cual, en los últimos cuatro años, el sector ha sufrido un recorte acumulado del 70%. Y, como les digo a veces en broma a Antonio y Alberto, de la Librería Méndez, los escritores, en estos tiempos de precariedad, somos de los pocos que aún podemos “acuñar moneda”, hacer que surja dinero de donde no había nada -una página o pantalla en blanco-. Si un libro que cuesta 20 euros vende 150.000 ejemplares, habrá “acuñado” 3 millones de euros, que se repartirán entre el distribuidor, el librero, el editor, el autor, su agente y Hacienda, y que ayudará a que todos mantengan sus infraestructuras y paguen los sueldos de sus empleados. ¿No se dedica este Gobierno -igual que el Tea Party- a ensalzar a los “emprendedores” y “creadores de riqueza”, en detrimento de los despreciables asalariados? Parece que haga distinciones según lo que se cree, y la literatura es para él ornamento y entretenimiento, a diferencia de los científicos y fundamentales casinos de Adelson.

Incluso se suscita esta cuestión: en época tan dura, ¿qué diablos hacen los literatos ocupándose de gente y de mundos que no existen? ¿Cómo pueden abstraerse de lo que ocurre a su alrededor? Siempre cabría responder con la cita de Burke en la que siempre me insiste una mujer muy querida: “No desesperéis jamás; y si desesperáis, seguid trabajando”. Pero no es sólo eso: cuanto más ardua la cotidianidad, más se necesita evadirse… durante un rato al día. Hora y media de una película, una hora de lectura al final de la jornada. Si leemos de tiempos de guerra, recordamos que los hubo peores y que acaso no debamos quejarnos tanto; si de tiempos apacibles y prósperos, nos damos cuenta de que también los hay y de que siempre han vuelto tras los aciagos. Nos metemos en vidas y circunstancias que no son las nuestras, descansamos de nosotros mismos con otros conflictos, y sí, merced a eso nos evadimos un poco. La evasión estaba mal vista por los marxistas más dogmáticos en mi juventud, porque según ellos había que ser continuamente consciente de la situación dictatorial en la que nos encontrábamos. Como si uno olvidara la realidad por apartarla de los ojos brevemente. Los que escriben y hacen cine, los que interpretan y componen música, todos ellos dan consuelo al término de la jornada. Lo dan incluso a quienes no frecuentan sus obras, porque el arte y las ficciones acaban por permear las existencias de todos, aunque sea indirectamente. Son parte de nuestra formación como personas y, si no otras cosas, nos enseñan a pasar por la tierra con una dimensión imaginativa, a mi modo de ver necesaria para comprender lo que nos pasa, y útil para aguantarlo. Poco a poco aprendemos a vivir nuestras vidas contándonoslas. A la vez que las vivimos, las imaginamos, y así les damos el carácter de “historias”. Como tales, sabemos o creemos saber que todo puede cambiar, que puede haber un giro de la fortuna, que tal vez haya mejora. Dotar a lo que nos sucede de esa dimensión es una ayuda enorme contra la realidad que nos apesadumbra. Por eso tantos buscamos esos mundos imaginarios y leemos, para ejercitarnos en ello. Lo dijo Isak Dinesen, y la he citado muchas veces: “Todas las penas pueden soportarse si se convierten en una historia”. El Gobierno de Rajoy, siguiendo una vez más el ejemplo de Franco, que siempre despreció la cultura y trató de reducirla al mínimo, nos priva ahora de las bibliotecas vivas, lo cual equivale a privar, a los que las necesitan, de su descanso y su consuelo diarios, y a mermar su imprescindible dimensión imaginativa.”

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