LLIBRE. “Teoría de la clase ociosa” de Thorstein Veblen (1899), un estudi sobre la ridícula vida dels rics

veblen - teoría de la clase ociosaRESSENYA. Thorstein Veblen:

“Teoría de la clase ociosa” (1899)

  • Madrid, Alianza Editorial, 2008
  • 390 pàgines, castellà, traducció i pròleg de Carlos Mellizo (16 pàgines)
  • Títol original: The Theory of the Leisure Class (1899)

Ressenya

La Teoria de la classe ociosa és un original treball en el qual l’economista Thorstein Veblen (1857-1929), fill de pares noruecs emigrats als Estats Units, analitza i crítica de manera satírica els mecanismes que porten a una determinada classe social a apropiar-se de l’oci i entregar-se al consum exacerbat.

Veblen fou professor a la Universitat de Chicago, entre altres, i va assolir certa popularitat com a professor heterodox entre els alumnes més inconformistes, si bé fou impopular entre els companys docents. Allà va escriure les seues dos obres que hui es consideren fonamentals: la Teoría de la classe ociosa (1899) i la Teoría de la empresa econòmica (1904).

Veblen dividia la societat en tres classes: 1. una classe predadora o ociosa, propietària dels negocis; 2. la classe tècnica, la que té els coneixements; i 3. una classe treballadora que produeix els béns. Veblen descriu la classe ociosa com una classe parasitària per a l’economia, que només es dedica al consum ostentós. No obstant això, aquest consum ostentós i ociós acompleix una funció social fonamental en la reproducció econòmica i en la reproducció simbòlica d’una societat, ja que provoca el desig d’emulació, la qual incentiva el consum de les altres classes socials (la tècnica i la treballadora).

Encara que publicada el 1899, moltes de les anàlisis i observacions d’aquesta obra mantenen una neguitosa vigència, tenint en compte i assumint les inevitables metamorfosis que s’han produït en el segle XX.

A Thorstein Veblen se’l cita com a fundador de l’escola de l’Economia Institucionalista. Aquesta escola econòmica se centra en la comprensió de l’actuació del procés evolutiu humà i el paper de les institucions socials en el comportament dels diversos agents econòmics. L’aproximació original es basava en la percepció de Veblen d’una dicotomia entre per una banda la tecnologia de cada societat històrica i per altra banda l’esfera cerimonial o ritual d’aquestes societats.

L’Institucionalisme veu les relacions de mercat com un resultat de la interacció complexa de diverses institucions, com per exemple les normes socials o jurídiques (la moral i la llei), empreses, Estats, etc., les quals afecten el comportament dels individus. Aquesta tradició d’anàlisi continua en l’actualitat com una de les aproximacions principals de l’economia heterodoxa.

Respecte a l’estil la Teoria de la classe ociosa és una obra fàcil de llegir si bé resulta un poc avorrida perquè és molt repetitiva. No té ni cites, ni referències cosa que fa que es puga llegir amb fluïdesa, però deixa el regust a pamflet. Així i tot la crítica que fa, amb una pàtina de cientifisme, resulta d’allò més deliciós. Pega als rics i poderosos allà on més els dol, en el seu prestigi, atacant els seus recursos simbòlics fins la burla i deixant-los en un ridícul total i absolut. Tot això amb un llenguatge d’allò més científic i categòric. De fet hi ha diverses vegades que l’autor es justifica dient que no està fent valoracions, sinó només descripcions de processos i actituds. Llàstima les repeticions i algunes vaguetats, però que es perdonen per ser un dels millors argumentaris de crítica social que he llegit mai.

Un consell final: per a poder traure-li tot el suc val la pena llegir abans l’obra Història de l’economia de John Kenneth Galbraith, i conéixer un poc les teories de Karl Marx i de Charles Darwin.

Nomenclatura vebleniana: consum ostentós, oci ostensible, consum vicari, classe ociosa, emulació pecuniària, curiositat ociosa, cultura pecuniària, etc.

APLICACIÓ DIDÀCTICA

  • Aquesta obra té molta aplicació didàctica, però amb materials secundaris elaborats com a fragments paradigmàtics i amb explicacions del professor. A partir de 3r d’ESO.
  • Economia, crítica social, hipocresia social, sàtira, institucions socials.
  • Anàlisi del recursos simbòlics, materials i organitzatius d’una societat, és a dir el prestigi, els diners i el poder.

ÍNDEX DE CITES

  1. Capítulo 2. Emulación pecuniaria. Pàgina 56-57. Desigualtat, ànsia de riquesa, propietats, infelicitat crònica…
  2. Capítulo 3. El ocio ostensible. Página 61-62
  3. Capítulo 4. El consumo ostensible. Página 96-97
  4. Capítulo 4. El consumo ostensible. Página 104-105
  5. Capítulo 5. El nivel pecuniario de la vida. Página 121-122
  6. Capítulo 6. Normas pecuniarias del gusto. Páginas 140-142
  7. Capítulo 6. Normas pecuniarias del gusto. Páginas 145-146
  8. Capítulo 6. Normas pecuniarias del gusto. EL PERRO. Páginas 155
  9. Capítulo 6. Normas pecuniarias del gusto. Página 166
  10. Capítulo 6. Normas pecuniarias del gusto. Página 173
  11. Capítulo 7. El vestido como expresión de la cultura pecuniaria. Páginas 180 y siguientes
  12. Capítulo 8. Exención de trabajo industrial y conservadurismo. Páginas 197 – ss
  13. Capítulo 8. Exención de trabajo industrial y conservadurismo. Páginas 206 y siguientes
  14. Capítulo 8. Exención de trabajo industrial y conservadurismo. Páginas 213
  15. Capítulo 9. La conservación de rasgos arcaicos. Páginas 219
  16. Capítulo 9. La conservación de rasgos arcaicos. Páginas 229 i siguientes
  17. Capítulo 9. La conservación de rasgos arcaicos. Páginas 236. EL OFICIO DE ABOGADO
  18. Capítulo 10. Supervivencias modernas de la proeza. Páginas 249-250
  19. Capítulo 10. Supervivencias modernas de la proeza. Páginas 257-261
  20. Capítulo 10. Supervivencias modernas de la PROEZA. Páginas 273-275
  21. Capítulo 12. Observancias devotas. Páginas 300-ss
  22. Capítulo 13. Supervivencias del interés generoso. Páginas 354
  23. Capítulo 14. La educación superior como expresión de la cultura pecuniaria. Páginas 355 y siguientes

CITES

1. Capítulo 2. Emulación pecuniaria. Pàgina 56-57. Desigualtat, ànsia de riquesa, propietats, infelicitat crònica…

En cualquier comunidad donde los bienes se poseen individualmente, es necesario para la tranquilidad del individuo que éste posea una cantidad de bienes tan grande como la que poseen aquellos con quienes está acostumbrado a clasificarse; y es grato en extremo poseer un poco más de lo que poseen los otros. Pero tan pronto como la persona hace nuevas adquisiciones y se acostumbra a disfrutar del resultante nivel de riqueza, este nuevo nivel cesa inmediatamente de procurar mayor satisfacción de la que procuraba el nivel anterior. La tendencia es siempre hacer del nivel pecuniario que se disfruta en el presente un punto de partida para un nuevo incremento de riqueza; y esto, a su vez, hace que surja un nuevo nivel de desahogo económico y una nueva clasificación pecuniaria que le separa a uno del resto de sus vecinos. La finalidad que se busca mediante la acumulación de bienes es ocupar un puesto alto cuando llegue la hora de compararse con el resto de la comunidad en lo tocante a poder pecuniario. Mientras la comparación sea claramente desfavorable, el normal individuo medio vivirá en un estado de descontento crónico con la suerte que le ha tocado (…).

Por la naturaleza misma de la cuestión, el deseo de riqueza difícilmente puede ser saciado en ningún caso particular. (…). Por muy esparcida, igualitaria y “justamente” que sea distribuida, ningún incremente general de dicha riqueza dentro de la comunidad puede alcanzar a saciar esta necesidad, cuya raíz está en el deseo  que cada uno tiene de destacar sobre el prójimo en lo tocante a acumulación de bienes. Si, como algunas veces se asume, el incentivo para acumular bienes fuese la necesidad de subsistir o de alcanzar la comodidad física, podría concebirse que el agregado de necesidades económicas de la comunidad llegara a satisfacerse en algún momento determinado del desarrollo industrial; pero como la lucha es sustancialmente una lucha por la reputación sobre la base de comparaciones odiosas, no es posible llegar a ningún logro que sea verdaderamente definitivo.

2. Capítulo 3. El ocio ostensible. Página 61-62

A fin de lograr la estima de los hombres, no basta simplemente con poseer riqueza y poder. La riqueza o el poder deben ser exhibidos, pues la estima sólo se concede a cosas que se ven. La demostración de riqueza, no sólo sirve para que los demás se den cuenta de nuestra importancia y mantengan viva y despierta esta impresión, sino que sirve también para edificar y preservar la propia autocomplacencia. En todas las etapas de la cultura, excepto en las más bajas, el hombre normalmente constituido es reconfortado y reafirmado en su autoestima cuando se encuentra rodeado de un “ambiente decente” y está exento de “tareas serviles”. Cuando uno se ve forzado a dejar su habitual nivel de decencia, ya sea en lo que se refiere a la parafernalia de la vida o al tipo y cantidad de su actividad diaria, siente como que ha habido una disminución de su dignidad humana, independientemente de la consideración acerca de la aprobación o desaprobación de sus prójimos. (…)

En sí misma y en sus consecuencias la vida ociosa es bella y ennoblecedora a ojos de todo hombre civilizado.

3. Capítulo 4. El consumo ostensible. Página 96-97

El consumo ostensivo de bienes valiosos es un medio que el caballero ocioso tiene de adquirir prestigio. Conforme la riqueza va acumulándose en sus manos, sus solos esfuerzos en la aplicación de este método no le valen para hacer que su opulencia sea exhibida suficientemente. Por lo tanto, en necesario dar entrada a la ayuda de amigos y competidores, lo cual se hace mediante el procedimiento de hacer regalos de valor y organizar fiestas y espectáculos. Los regalos y las fiestas tuvieron probablemente un origen diferente del de la simple ostentación, pero desde muy pronto adquirieron utilidad para este propósito, y han retenido ese carácter hasta el presente; de tal manera que su utilidad a este respecto ha sido ya por mucho tiempo el fundamento sustancial sobre el que descansan estos usos. Los entretenimientos caros, tales como el potlatch* o el baile, se adaptan especialmente a la consecución de este fin. Al competidor con el que el anfitrión desea establecer una comparación se le hace, mediante este método, que sirva de medio para alcanzar el fin. De una manera vicaria consume por su anfitrión, y al mismo tiempo es testigo del consumo en exceso de todas esas buenas cosas que el anfitrión no podría consumir por sí solo, y es también testigo de la desenvoltura con que el anfitrión vive las normas de la etiqueta.

(…) también sirven para establecer comparaciones odiosas.

* Potlatch: fiesta entre los indios del noroeste norteamericano en la que el anfitrión ofrece y recibe regalos. En la actualidad existe en Norteamérica una costumbre social, el llamado potluck, que consiste en un almuerzo o cena al que los invitados traen una comida ya preparada, que luego comparten con los demás (N. del T.)

4. Capítulo 4. El consumo ostensible. Página 104-105

La base sobre la que descansa la buena reputación en una comunidad industrial altamente organizada es su poder pecuniario; y los medios de mostrar que se posee fuerza pecuniaria a fin de ganarse o de retener una buena reputación, son el ocio y un consumo ostensible de bienes.

5. Capítulo 5. El nivel pecuniario de la vida. Página 121-122

El nivel de gasto que normalmente guía nuestros esfuerzos no es el nivel medio y ordinario que ya se ha logrado, sino más bien un ideal de consumo que está justo más allá de nuestro alcance, o cuyo logro requiere algún esfuerzo. El motivo es la emulación: el estímulo de una comparación que se hace para ver quién tiene más y quién menos, y que nos empuja a superar a aquellos con quienes habitualmente nos comparamos. Sustancialmente, la misma proposición es expresada en el dicho común de que cada clase envidia y emula a la clase que está justo por encima de ella en la escala social, y rara vez se compara con quienes están más abajo o con quienes están muy por delante de ellos. Para decirlo con otras palabras: nuestra norma de decoro en lo que a gastos se refiere, lo mismo que en otros objetos de emulación, viene determinada por los uso de aquellos cuyo prestigio es justo un grado más alto que el nuestro; hasta que, de este modo, especialmente en una comunidad donde las distinciones de clase son más o menos vagas, todas las normas de reputación y decencia, y todos los niveles de consumo toman como referencia, en gradación imperceptible, los usos y hábitos de pensamiento de la clase social y pecuniaria más alta: la adinerada clase ociosa.

A esta clase le corresponde determinar, en líneas generales, qué esquema de vida será aceptado por la comunidad como decente u honorable; y es su misión fijar, mediante el precepto y el ejemplo, este esquema de salvación social en su forma más elevada e ideal.

(…) Se necesita tiempo para que un cambio penetre en la masa del pueblo y afecte la actitud habitual de la gente. (…) Pero si se concede tiempo, el radio de influencia de la clase ociosa en el esquema de vida de la comunidad en cuestiones de forma y detalle, es grande.

6. Capítulo 6. Normas pecuniarias del gusto. Páginas 140-142

Cuestiones sobre la divinidad ociosa

“Se alberga el sentimiento de que la divinidad debe tener un estilo de vida particularmente sereno y ocioso”

“Los servidores sacerdotales de la divinidad no deben ocuparse en trabajos industrialmente productivos”

“Hasta los súbditos laicos, que son los más alejados de la divinidad, deben rendir un ocio vicario un día de cada siete”

7. Capítulo 6. Normas pecuniarias del gusto. Páginas 145-146

Cualquier objeto valioso, para apelar a nuestro sentido de la belleza, debe cumplir tanto con los requisitos de lo bello como de lo caro. (…) Los altos precios complacen porque son señales de costo honorable. (…) Un artículo bello, si no es caro, no será considerado como bello.

8. Capítulo 6. Normas pecuniarias del gusto. EL PERRO. Páginas 155

El perro tiene ventajas tanto por su falta de utilidad como por ciertos rasgos especiales de su temperamento. En un sentido eminente, se dice de él que es el amigo del hombre, y se alaban su inteligencia y su lealtad. Lo que esto significa es que el perro es el siervo del hombre y que posee el don de la ciega obediencia y la prontitud del esclavo a la hora de averiguar cuáles son los deseos del amo. Junto con estas características que le capacitan bien para la relación de status –características que, para lo que aquí no ocupa, vamos a calificar de útiles- el perro tiene algunas otras de valor estético más equívoco. El perro es, en lo que se refiere a su persona, el más sucio de los animales domésticos y el de hábitos más molestos. Esto lo compensa con una actitud servil y aduladora hacia su amo y una gran inclinación a dañar y fastidiar a todos los demás. Así, pues, el perro se recomienda a nuestro favor porque nos permite ejercer nuestra inclinación al mando, y como es también un artículo costoso y no sirve por lo común ningún propósito de tipo industrial, ocupa en el concepto del hombre un lugar firme en cuanto objeto de prestigio. Al mismo tiempo, el perro se asocia en nuestra imaginación con la caza –ocupación meritoria y expresión del impulso depredador honorable.

9. Capítulo 6. Normas pecuniarias del gusto. Página 166

Cuestiones de arquitectura ociosa, bella, artística, incómoda…

10. Capítulo 6. Normas pecuniarias del gusto. Página 173

Cuestiones sobre “Arts and Crafts” de John Ruskin y William Morris, fabricantes artesanales, imperfectos, aristocráticos, para mostrar el lujo de la clase ociosa, en contra de la estandarización de productos que resultan más económicos y democráticos.

11. Capítulo 7. El vestido como expresión de la cultura pecuniaria. Páginas 180 y siguientes.

“Un traje barato hace a un hombre barato”

“Nuestro vestido, para servir su propósito de manera eficaz, debe no sólo ser caro, sino que también debe demostrar claramente a todos los observadores que el usuario no está metido en ningún tipo de trabajo productivo.”

12. Capítulo 8. Exención de trabajo industrial y conservadurismo. Páginas 197 – ss.

(ECONOMÍA INSTITUCIONALISTA)

La vida del hombre en sociedad, igual que la vida de otras especies, es una lucha por la existencia y, por lo tanto, es un proceso de adaptación selectiva. La evolución de la estructura social ha sido un proceso de selección natural de instituciones*. El progreso que se ha hecho y que continúa haciéndose en las instituciones humanas y en el carácter humano puede ser atribuido, de una manera general, a una selección natural de los hábitos** de pensamiento mejor capacitados y a un proceso de adaptación forzosa de los individuos a un medio que ha cambiado progresivamente con el crecimiento de la comunidad y con las cambiantes instituciones bajo las que han vivido los hombres. Las instituciones no sólo son ellas mismas el resultado de un proceso selectivo y adaptativo que modela los tipos prevalecientes o dominantes de actitud y aptitudes espirituales; son al mismo tiempo métodos especiales de vida y de relaciones humanas y, por tanto, son a su vez factores eficaces de selección. (…) Las instituciones deben cambiar conforme cambian las circunstancias, pues son, por naturaleza, un método habitual de responder a los estímulos que esas cambiantes circunstancias presentan. El desarrollo de esas instituciones es el desarrollo de la sociedad.

*Institución: en la jerga de la economía institucional, el sujeto económico no es el individuo, sino el grupo o institución, realidad económica que podría definirse como conjunto de hábitos, tradiciones y costumbres determinantes de una particular conducta gremial. (pág. 13, prólogo)

**Hábito: una forma de comportamiento no-reflexiva, auto-sustentable, autónoma, que surge como resultado de series repetitivas. Al constituirse en fundamento de actos decisorios, el hábito sustituye el cierto modo el proceso racional, y no queda aquél explicado por éste, sino al revés (pág. 13, prólogo).

13. Cap. 8. Exención de trabajo industrial y conservadurismo. Páginas 206 y siguientes

La clase ociosa es la clase conservadora. (…) La función de la clase ociosa en la evolución social consiste en retrasar el movimiento y en conservar lo que es obsoleto. Esta proposición no es en modo alguno nueva; ha sido durante mucho tiempo uno de los lugares comunes de la opinión popular. (…) Todo cambio en los hábitos de vida y de pensamiento es molesto. (…) Este conservadurismo de la clase rica es un hecho tan obvio que ha llegado incluso a ser reconocido como signo de respetabilidad. Como el conservadurismo es una característica de la parte más adinerada –y, por lo tanto, de mejor reputación- de la comunidad, ha adquirido un cierto valor honorífico o decorativo. Ha llegado a ser prescriptito al extremo de que en nuestras nociones de respetabilidad va comprendida, como cosa normal, la adhesión a las ideas conservadoras, y se impone de modo imperativo a todos los que quieren llevar una vida impecable desde el punto de vista de la reputación social. El conservadurismo, como es una característica de la clase social más alta, es decoroso; la innovación, por el contrario, como es un fenómeno propio de la clase inferior, es vulgar. (…)

La revulsión que experimenta la buena gente ante cualquier propuesta de apartarse de los métodos de vida aceptados, es un hecho muy común y conocido en la experiencia cotidiana. No es raro oír a esas personas que dispensan consejos y amonestaciones saludables a la comunidad, expresarse vigorosamente en contra de los efectos perniciosos y de gran alcance que la comunidad experimentaría como consecuencia de cambios relativamente ligeros, tales como la separación entre la Iglesia anglicana y el Estado británico, o un aumento de las facilidades para divorciarse, o la adopción del sufragio femenino, o la prohibición de la manufactura y venta de bebidas alcohólicas, o la abolición o restricción de la herencia, etc. Cualquiera de estas innovaciones –se nos dice- “sacudiría la estructura social en su misma base”, “reduciría la sociedad en caos”, “subvertiría los fundamentos del orden moral”, “haría la vida intolerable”, “perturbaría el orden natural”, etc. Estas expresiones varias son, sin duda, de naturaleza hiperbólica, pero a la vez, como toda exageración, son prueba de la existencia de un agudo sentido de la gravedad de las consecuencias que se proponen describir (…)

Toda innovación exige, al hacer el necesario reajuste, un gasto de energía nerviosa mayor del que sería necesario de otro modo. El proceso de reajustar una aceptada teoría a la vida implica un cierto grado de esfuerzo mental. Las personas rematadamente pobres, y todas aquellas personas cuyas energías están enteramente absorbidas por la lucha cotidiana por la existencia, son conservadoras porque no pueden permitirse el esfuerzo de pensar en pasado mañana; de igual manera, las personas que llevan una vida altamente próspera son conservadoras porque tienen pocas oportunidades de estar descontentas con la situación en la que se encuentran actualmente.

14. Capítulo 8. Exención de trabajo industrial y conservadurismo. Páginas 213.

La institución de una clase ociosa obstaculiza el desarrollo cultural de una manera inmediata: 1) por la inercia propia de esa clase, 2) por su ejemplo prescriptito de gasto ostensible y conservadurismo, y 3) indirectamente, mediante el sistema de desigual distribución de la riqueza y los medios de subsistencia en que se basa la institución misma (…)

La actitud característica de la clase [ociosa] puede resumirse en esta máxima: “Todo lo que existe está bien”.

15. Capítulo 9. La conservación de rasgos arcaicos. Páginas 219.

La institución de una clase ociosa tiene un efecto no sólo sobre la estructura social, sino también sobre el carácter individual de cada uno de los miembros de la sociedad. En cuanto una determinada proclividad o punto de vista ha ganado aceptación como patrón o norma autoritaria de vida, se reflejará en el carácter de los miembros de la sociedad que lo ha aceptado como norma. En cierta medida dará forma a sus hábitos de pensamiento y ejercerá una vigilancia selectiva sobre el desarrollo de las aptitudes e inclinaciones de los hombres. Ese efecto se produce, en parte, por una adaptación coercitiva, educativa, de los hábitos de todos los individuos y, en parte, por una selectiva eliminación de individuos y linajes no aptos. Un material humano que no se preste a los métodos de vida impuestos por el esquema aceptado sufre una mayor o menor eliminación y una represión. De este modo, los principios de la emulación pecuniaria y la exención laboral se han erigido en cánones de vida y se han convertido en factores coercitivos de cierta importancia en la situación a la que los hombres tienen que adaptarse.

16. Capítulo 9. La conservación de rasgos arcaicos. Páginas 229 i siguientes

La característica sobresaliente de la cultura bárbara es una emulación y antagonismo incesantes entre las clases y entre los individuos (…) Puede decirse que estar libre de escrúpulos, de compasión, de honestidad y de respeto a la vida contribuye, dentro de ciertos límites, a fomentar el éxito del individuo dentro de la cultura pecuniaria (…). Los rasgos que caracterizan el estadio cultural depredador y los subsiguientes, y que indican cuáles son los tipos de hombres más aptos para sobrevivir bajo el régimen de status son (en su expresión primaria) la ferocidad, el egoísmo, el espíritu de clan y la malicia, es decir, el libre recurso a la fuerza y al fraude.

17. Capítulo 9. La conservación de rasgos arcaicos. Páginas 236

EL OFICIO DE ABOGADO

El abogado se ocupa exclusivamente de los detalles del fraude depredador, tanto por lo que se refiere a conseguir que triunfe la trapacería propia, como para dar jaque mate a la ajena, y, por tanto, el éxito en la profesión se acepta como signo de estar bien dotado de esa astucia bárbara que siempre ha suscitado el respeto y el temor de los hombres.

18. Capítulo 10. Supervivencias modernas de la proeza. Páginas 249-250

LA GUERRA, actividad depredadora por excelencia: competitiva, destructiva, derrochadora comparativa de éxito…

19. Capítulo 10. Supervivencias modernas de la proeza. Páginas 257-261

EL DEPORTE, otra actividad depredadora: competitiva, derrochadora, ostentosa, ociosa, comparativa de éxito…

20. Capítulo 10. Supervivencias modernas de la PROEZA. Páginas 273-275

Tal y como encuentra su expresión en la vida del bárbaro, la proeza se manifiesta en dos direcciones principales: la fuerza y el fraude. En grado variable, esas dos formas de expresión también se encuentran presentes de modo similar en la guerra moderna, en las ocupaciones pecuniarias y en los juegos y deportes. Ambas series de aptitudes se cultivan y robustecen con la vida deportiva, así como con las formas más serias de vida emulativa (…).

Estos dos rasgos, ferocidad y astucia, se funden para constituir el ánimo o temperamento espiritual depredador. Son expresiones de un hábito mental estrictamente egoísta. Ambos rasgos son altamente útiles para la conveniencia individual en una vida orientada a triunfar sobre los demás. Ambos tienen un alto valor estético. Ambos son fomentados por la cultura pecuniaria. Pero ambos son igualmente inútiles para los propósitos de la vida colectiva.

21. Capítulo 12. Observancias devotas. Páginas 300-ss

Cuestiones de cultos religiosos como manifestaciones de hábitos mentales de las clases dominantes, con epítetos honoríficos, léxico bélico, comparaciones odiosas, rasgos atávicos, consumo de bienes ostensible y derrochador, jerarquización, estilos artísticos arcaicos, ceremoniales detallados, ocio vicario, mayor presencia femenina en los cultos,

22. Capítulo 13. Supervivencias del interés generoso. Páginas 354

Los cánones de la vida decente son el resultado de una elaboración del principio de la comparación odiosa y, en consecuencia, operan de manera consistente en el sentido de inhibir todo esfuerzo no-competitivo y de inculcar la actitud egoísta.

23. Capítulo 14. La educación superior como expresión de la cultura pecuniaria. Páginas 355 y siguientes

Con el fin que los convenientes hábitos de pensamiento sobre ciertas cosas se puedan conservar en la generación venidera, una disciplina escolástica es sancionada por el común sentir de la comunidad e incorporada a su aceptado esquema de vida (…).

Es en la educación propiamente dicha, y de modo particular en la educación superior, donde la influencia de los ideales de la clase ociosa se hace más patente (…)

El elemento recóndito del saber es todavía, como lo ha sido en todas las épocas, un elemento muy activo y eficaz para impresionar y aun abusar de los ignorantes; y la posición del sabio, según éste es percibido por el analfabeto total, se valora, en gran medida, en términos de su íntima familiaridad con las fuerzas ocultas (…)

Las clases educadas de todas las comunidades primitivas son muy estrictas en lo que se refiere a formas, jerarquía, gradaciones de rango, ritual, vestiduras ceremoniales y otros accesorios que suelen acompañar a la vida académica (…). Por ejemplo, la adopción del birrete y la toga es uno de los rasgos atávicos más destacados de la vida universitaria moderna, y señala a la vez el hecho de que esas universidades se han convertido de modo definitivo, o aspiran a convertirse, en establecimientos para la clase ociosa (…)

La inmensa mayoría de los colegios universitarios y universidades americanas están afiliados a una confesión religiosa y se inclinan en grado bastante apreciable a la práctica de las observancias devotas (…). En la medida en que así ocurre, hay que considerarlo como expresión de un hábito de pensamiento arcaico, animista. Ese hábito de pensamiento tiene que estar de algún modo presente en la instrucción impartida y, en esa misma medida, su influencia en la formación de los hábitos de pensamiento del estudiante favorece el conservadurismo y el regresismo; opera en el sentido de impedir su avance en la dirección del conocimiento empírico que mejor sirve a los fines de la industria (…). De tal modo que, mientras el saber superior en su forma más desarrollada, como flor perfecta del escolasticismo y el clasicismo, ha sido un producto derivado del oficio sacerdotal y la vida ociosa, puede decirse que la ciencia moderna es un producto derivado del proceso industrial.

MÉS INFORMACIÓ

Breu història (i incompleta) del pensament econòmic (en castellà)

Pensamiento económico, en Econoaula – Web educativa e informativa de economía y sociedad

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  1. Retroenllaç: DRETS DE LA DONA. Vídeo: “No woman, no drive” | HISTORIATA

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